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Cuento de Navidad

Navidades pasadas, presentes y futuras

El interior del salón luchaba contra el frío invernal de las calles, bañadas por lo que parecía azúcar glas, mientras miraba de puntillas a través del vaho de la ventana. Se giró para apreciar cada detalle de aquella habitación tintada por un brillo dorado de felicidad. El chiste de siempre del abuelo, las carcajadas de los mayores y sus primos envueltos en papel de regalo desgarrado. Pero su mundo giró sin que él pudiera evitarlo. Las paredes se tiñeron de gris. Estaba solo. No estaba el chiste del abuelo, ni las carcajadas ni los regalos. Y como mil agujas clavadas en su cerebro, un recuerdo le desbordó. Ya no había familia. El dinero la había roto en pequeños pedazos, imposibles de recomponer. Y fue entonces cuando, antes de que una única lágrima tocara el sueño, se llenó de carcajadas, papel de regalo arrugado, amor y del chiste de siempre del abuelo y una idea le invadió: por mucho que se ensucie una cosa siempre puedes limpiarla. Eso fue lo que deseó para sus futuras navidades.

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